lunes, 19 de noviembre de 2007

Sola, Josefina esparcía su tristeza por las cuatro paredes de su habitación; sentía que su corazón le explotaría, que su angustia la estaba consumiendo y que lentamente sus fuerzas se le agotaban. Sentía que su rutina se volvía monótona, que ya no había salida, pero escapando de su realidad quizás podría encontrar esa vía de escape y de paz que tanto anhelaba, aunque muchos pensaran que era una cobarde.

Josefina era una chica muy agradable y extrovertida, sin duda alguna, era esa alegría y las ganas de vivir que contagiaba a todo a aquel que estuviera a su lado... Todos decían que era magia al pasar. Pero dentro de su alma ella tenía un gran dolor, una barrera que no permitía dejarla volar, dejarla ser plena.

A pesar de que siempre estaba acompañada de gente, Josefina era una persona muy tranquila, vulnerable e insegura, aunque pareciese contradictorio. Su personalidad era un misterio; y a medida que pasaba el tiempo sus miedos eran mucho más grandes. No podía concebir la idea de que las personas que más amaba en este mundo, sus más cercanos, no veían en ella la persona que realmente era, lo mucho que podía entregar... Siempre quisieron ver lo malo, su lado imperfecto, se preocuparon de resaltar esos detalles que sus logros... emitían comentarios sin pensar que para ella serían muy destructivos y que terminarían por cohartar su personalidad.

Pero un día, el que menos se imaginó, logró entrar a los más profundo de sus sueños, logró entrar a ese mundo desconocido y fascinante, pudo ver cosas que jamás vería. Mientras caminaba dentro de su mundo, entre colores, aromas y sabores, divisó a lo lejos un ser muy extraño, pero mágico a la vez.

Desde lejos pudo ver esos grandes ojos que la invitaban a acercarse, a no tener miedo de contemplarlo... era algo parecido a un ángel, tenía alas, forma de hombre y unas pocas telas que cubrían su cuerpo... no tenía oídos, eia gritaba, pero el no comprendía...

Fue acercándose poco a poco, quería tocarlo, pero sus intentos fueron en vano... porque una gran pared de cristal los separaba... sí, hasta su propio mundo poseía límites...

Pero no fue impedimento para Josefina, a pesar de todo, ella comenzó a hablar con el lenguaje del corazón, ese idioma que traspasa todo límite, toda dimensión, y ese ángel lentamente escuchaba sus palabras, aunque no pudiera escuchar.

Así entonces Josefina todas las noches traspasaba su mundo para poder mirar esa persona que se convirtió en algo importante en su vida, en su apoyo, en su consuelo, en su pilar... en ese incondicional que pensó que jamás hallaría; y que pese a esa barrera enorme, pero pequeña a la vez, supieron mantener esos lazos, supieron entenderse y comprenderse

Cada día era una aventura el llegar a su encuentro, debía traspasar obstáculos enormes, esos miedos que su imaginación transformaba en caminos difíciles, pero así y todo luchaba en contra de ellos para poder buscar a su ángel...

Josefina ya no pedía nada más, porque aquel ser que en sus sueños descansaba, sin duda alguna era la luz de esperanza que le daba fuerzas de enfrentar su realidad... y gracias a él, pudo darse cuenta de cuanto valía y de cuán valorada era para él y los démas...



J.a.v.i.e.r.a






Vito: Este regalo es para ti, espero algún día poder verte y así conversar de la vida como lo hacemos hasta ahora, muchas gracias por todo. Te quiero mucho.
Y disculpa lo poco... eran muchas ideas pero me costó ordenarlas; así que salió esto.






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